Hoy voy a escribir sin tapujos. Voy a sentarme 5 minutos y a vaciar todo lo que siento en este instante.
Llevo des de el miércoles bastante tocado, jodido. Creo que una parte de mi mundo se paró esa madrugada cuando tomaba el café antes de ir a trabajar y me dio por mirar las malditas redes sociales.
"Sigo preso pero ahora el viento corre alrededor", "me olvidé de poner en el suelo los pies y me siento mejor",... son tantas las frases que podríamos poner aquí. De los inicios, de los medios, de cuando pusiste todo patas arriba con esa maravilla de la Ley Innata o con todo lo que decidiste hacer, decir y no callar.
Joder, has sido referente, puntal y parte esencial de mi persona, de lo que me apasiona y de mi forma de ver el mundo, estos días mucho más gris que de costumbre y agradecido de compartir este breve lapso de tiempo que pisamos suelo de una pequeña casualidad llamada vida.
Esa mañana, la del 10 de diciembre, perdí de vista el eje del salón. Creo que este vacío, aunque no te haya conocido nunca en persona, es muy grande. No estabas físicamente, pero me has acompañado en todos los momentos posibles de mi vida: los buenos, los malos, los vitales y los fatales. Sobre todo en los últimos.
En mis momentos de máxima soledad sabía que siempre encontraría consuelo en una canción, en un verso o en el silencio, con los ecos de tu voz diciendo cualquier cosa.
Recuerdo con el último LP, el nada que perder me llego en un punto de inflexión para mal y cuando publicaste el álbum, el hombre pájaro me hablaba a la oreja describiendo a detalle cada momento de mi vida en ese momento: noches de insomnio, más agujeros en el cinturón y estómago cerrado y sobre todo la frase que me hico no caer en la espiral autodestructiva que tanto me gusta abrazar para componer, escribir y derramar mis adentros:
He venido a decirte que estaba abrazado tan fuerte a la nada que he perdido el contacto con mi piel.
Sí con mi propia piel.
Ayer, a mis alumnos de matemáticas de 3r ESO les puse el homenaje que te hizo los del dromedario con esa canción. Respetaron mi momento, te escucharon y en un papel apuntaron que les hacía sentir la canción y con qué frase o frases se quedaban. No lo leímos, les dije que cada uno tenía un pequeño tesoro, que escucharan con ganas y con atención las cosas, que criticaran que no se callaran nada y en canciones y versos como los tuyos, personas adultas como yo, sus madres y sus padres, hemos encontrado y encontraremos refugio.
Podría estar horas, pero como he dicho, solo 5 minutos. Gracias maestro, gracias por tanto y pedir tan poco. Gracias por acompañar a tanta gente en sus momentos más sombríos, pues en el ocaso es donde tus palabras son mejores.
Hasta siempre, siempre, siempre.

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